viernes, 20 de abril de 2012

Al contemplar tu rostro

Al contemplar tu rostro, al concentrarme en tus ojos,

Busco comprenderte.
Busco paz.
Busco alegría.
Busco ternura.
Busco solidaridad.

Confío en que mis ojos te transmiten,

Mi enorme amor imperfecto.
Mi ternura inagotable.
Mi pasión inefable.
Mis sueños junto a tí.
Mi ser todo.

Quiero,

Compenetrarme contigo, sin dejar de ser dos.
Amarte, sin que te sientas aprisionada.
Contemplarte, sin que te sientas escudriñada.
Acariciarte y que te estremezcas.
Besarte y que quieras más.

Todo lo vivido contigo me dice que ya le robé a la vida un pedacito de eternidad.

sábado, 7 de abril de 2012

En lugar

En lugar de una despedida, un saludo.
En lugar de un ceño fruncido, una sonrisa amplia.
En lugar de un grito, un susurro.
En lugar de una cachetada, una caricia.
En lugar de un desprecio, un beso.
En lugar de rencor, conciliación.
En lugar de un fusil, un clavel.
En lugar de creer por fe, saber por conocimiento.
En lugar de ignorancia, Albert Einstein.
En lugar de monólogos, conversaciones.
En lugar de intolerancia, comprensión.
En lugar de odio, empatía.
En lugar de seguridad, incertidumbre.
En lugar de límites, libertad.
En lugar de yo, nosotros.

viernes, 25 de noviembre de 2011

Aquella noche

Faltaban dos horas para la conclusión de aquel sábado estival cuando reanudaron el antiguo rito. Esa noche él no apartó su mirada de ella. Era como si pretendiera capturar cada instante, cada movimiento, cada paso. La escudriñó desde todos los ángulos, de espalda, de frente, acostada, sentada, cuando se posicionaba encima de él mientras los movimientos de las caderas femeninas se iban acelerando sin perder su cadencia. Una diminuta bata roja le ocultaba los senos en un corset ceñidísimo a su torso, a la vez que las zonas inferiores quedaban descubiertas en una semi transparencia que él encontraba irresistible.

Mas el embrujo provenía de aquellos ojos, verdes y brillantes, que le compelían la rendición de su voluntad, una devoción que no recordaba haber sentido antes. Esa noche fue su adorador. Ella hizo buen uso de toda esa atención. Apenas durmieron. Dedicaron la noche a concentrarse en las bocas, las miradas, sus cuerpos, en los movimientos del coito que pasaban de pausados y deliberados a frenéticos, hasta que ella anunciaba a viva voz que otro clímax era inminente.

Él utilizó las pausas antes de nuevas embestidas para acariciarle el cabello y acercarse al rostro. Despegaba los anteojos y los ubicaba en la mesa de noche, contigua a la cama que fungía como principal arena del duelo de dos cuerpos que resultaron ser expertos en el arte amatorio. Buscaba así enfocar los ojos para contemplar la mirada más hermosa que podía concebir. Si la felicidad es ciertos momentos, él intentaba capturar el evento de aquella presencia. El recuerdo sería las ruinas de lo que fue la perfección de sentir.

Ella sonreía. No era el momento de preocuparse por el pasado ni el futuro. Esa noche no tuvo reservas y estuvo dispuesta a dejarse ir, aunque por momentos no podía evitar preguntarse cuál era el significado de tal insistencia en no apartarse de su faz. El vino espumoso contribuía al ambiente, y los sorbos alternaban besos, caricias, mordidas. La música provenía de una estación de rock que en esas horas no transmitió una sola canción conocida, lo que añadió a la rareza de aquella sesión que no sabían si podrían emular. Sin acordarlo, vivieron el momento con total abandono.

Ya ella sabía de la habilidad de su amante para contener los “pistilos de agua luz” de la canción de Ricardo Arjona; y disfrutaba aquella capacidad para llevarla al éxtasis de decenas de orgasmos. Al cabo de varias horas ella le rogó que la llenara del néctar de sus interiores. No contuvo más la explosión, que le dio a la mujer una satisfacción más allá de la lujuria.

miércoles, 27 de abril de 2011

End of days non-sense

(Esta entrada la escribí en inglés y soy muy holgazán para traducirla. La publico a propósito de esos carteles que proliferan en Puerto Rico y en Estados Unidos, los cuales anuncian "el fin del mundo," a ocurrir el 21 de mayo de 2011. Por supuesto, se quedarán esperando por Cristo, por enésima vez).

In the United States and Puerto Rico, many Christians seem to strongly believe that we will soon see the Apocalyptic “end of days.” One wonders if they are aware that many extinct generations of Christian preachers have articulated and renewed for the last two thousand years the warning that Jesus’ “Second Coming” is imminent. Scholars agree that the first Christians expected Jesus to return in their lifetimes. The Gospels and other books of the so-called New Testament clearly contain that promise.

According to the Christian Gospels, Jesus promised his disciples that their generation would see his return. All sorts of remarkable theological hairsplitting have tried to explain away that unfulfilled pledge. The problem is that in Matthew 16, the same is articulated in unambiguous terms: “For the Son of man shall come in the glory of his Father, with his angels, and then he shall reward every man according to his works. Verily I say unto you. There are some standing here, which shall not taste death till they see the Son of man coming in his kingdom.”

It is interesting to note that the hairsplitting would have been unnecessary, had they redacted the pertinent biblical passages. The theological musings have even included the Medieval creation of the “Legend of the Wandering Jew,” a contemporary of Jesus who will not die until the second coming and in the meantime roams the earth, lonely and unhappy to be kept alive. Of course, that doesn’t matter much to those who deem the bible as full of fairy tales and as a collection of books that is authoritative about nothing at all. Those unbelievers would argue that the bible is full of religious, supernatural nonsense, and that it has –if at all- only literary or historical value, like Homer’s Iliad.

As to the Christian end-times theology, the late American skeptic Martin Gardner (1914-2010) wrote: “For the past two thousand years individuals and sects have been setting dates for the Second Coming. When the Lord fails to show, there is often no recognition of total failure. Instead, errors are found in the calculations and new dates set.” British novelist Ian McEwan has also noted this phenomenon, and provides a plausible psychological explanation for what he calls “the adaptability and resilience” of end-time thought:

“For centuries now, [end-time theology] has regarded the end as ‘soon’ –if not next week, then within a year or two. The end has not come, and yet no one is discomfited for long. New prophets, and soon, a new generation, set about the calculations, and always manage to find the end looming within their own lifetime. The million sellers like Hal Lindsey predicted the end of the world all through the seventies, eighties, and nineties –and today, business has never been better. There is a hunger for this news, and perhaps we glimpse here something in our own nature, something of our deeply held notions of time, and our own insignificance against the intimidating vastness of eternity, or the age of the universe –on the human scale there is little difference. We have need of a plot, a narrative to shore up our irrelevance in the flow of things.”

Indeed, the U.S. has produced more than its share of apocalyptic doomsayers, including the Millerites of the 1840’s. William Miller, a farmer, relied on the Book of Daniel to make a series of intricate calculations that yielded October 22, 1843 as the anticipated day of the Lord, the definitive coming of the Judge of all human souls. After another nocturnal vigil and no Christ on sight, they came up with October 22, 1844. After the Lord failed to show up, the distressed believers called the whole episode “the Great Disappointment.” Centuries before the Millerites, Medieval Europe saw its share of this kind of pious, so-called Millenarian movements.

End-times American preacher Harold Camping, now 89, is a former civil engineer who predicted that the coming of Christ would take place on September 6, 1994. After nothing happened, Camping stated that he had made a “mathematical error” and allegedly spent many additional years “studying” and “running new calculations” to come up with the “correct” date, which now is May 21, 2011. His company, known as “Family Radio,” reportedly owns 55 radio stations in the United States alone, and his apocalyptic message reaches every continent. Camping recently laughed at the competing prophecy that the end will occur in 2012, stating that such date has “no one stitch of biblical authority” and calling it “a fairy tale.”

Every generation of Christians, beginning with the very first one, have sported a “zero batting average” when it comes to the end-times. And I dare to say that future generations of Christians, Muslims and Jews of the eschatological sort will continue to boast a .000 average. The mythology of the rapture and the last judgment is utter non-sense.

jueves, 17 de marzo de 2011

Planeta de agua

Al ver las imágenes del tsunami que afectó a Japón, pregunté en voz alta, “cómo es posible que el agua se meta tan tierra adentro”? Sin embargo, inmediatamente rectifiqué la pregunta, pues la intrusa es la tierra firme. Nuestro planeta es mayormente agua, casi toda presente en los mares y océanos de esta esfera azul. Ante ello, el nombre “Planeta Tierra” no refleja la realidad. Pero los humanos somos quienes nombramos las cosas, y somos seres de tierra firme, aunque nuestros remotos antepasados vivían en el mar. Por supuesto, aparte de lo anterior, no deja de ser muy triste ver sufrir a nuestros hermanos que viven en Japón.

domingo, 27 de febrero de 2011

Doña Sila y la ideología del inmovilismo

La semana pasada, Sila Calderón, quien tiene la dudosa distinción de haber sido gobernadora de Puerto Rico, nos sermoneó sobre la necesidad de darle al Partido Popular la oportunidad de volver al poder. Esta señora tuvo la babilla de regañar a esos que están tratando de inscribir partidos políticos nuevos, pues “solamente las mayorías robustas” pueden “producir cambios.” Primero, si el PPD es una mayoría robusta, que gane sin la ayuda de los que ya no lo ven como una opción. Segundo, el PPD no busca cambio alguno. Solamente le interesa recuperar el control del desprestigiado gobierno del llamado ELA. Tercero, esta señora ya tuvo la oportunidad de hacer algo distinto a lo que sus predecesores y sucesores han hecho, e hizo nada que valga la pena recordar, emular o continuar. Su cinismo es tan atroz como su maternalismo y su noción de que somos unos idiotas. Repudio su falta de respeto, su cinismo y su pretensión de que tiene algo relevante que decirnos.

martes, 5 de enero de 2010

Nuestra encrucijada

El actual gobierno de Puerto Rico es un desastre, uno que ocurre en el contexto de una sociedad en crisis. Pero el estado actual de cosas es una calamidad que se ha estado gestando al menos por cuatro generaciones. Claro, los últimos cuarenta años han sido particularmente desastrosos. A partir de 1969, comenzó una era política que se ha caracterizado por gobernantes y funcionarios corruptos, por una casi total impunidad y por la complicidad entre el llamado sector empresarial y esos gobiernos corruptos. Pero los veinte años anteriores, entre 1948 y 1968, fueron de una gran miopía de parte de los dirigentes del entonces hegemónico Partido Popular Democrático y de una población que se dejó seducir por el individualismo y el consumismo.

A la vez que ganaron 5 elecciones entre 1948 y 1968, los desaciertos del PPD (y de la sociedad puertorriqueña toda), se pueden resumir así: 1) En lo político, se consolidó el régimen colonial y, por lo tanto, el poder del gobierno estadounidense sobre los habitantes de Puerto Rico, a quienes gobierna sin que participen en el proceso político de ese país y sin tomar en cuenta sus particulares necesidades; 2) En lo que respecta a la forma de organizar las ciudades y al estilo de vida, se sentaron las bases para la debacle urbana actual, al promoverse una forma de vida similar al de los Estados Unidos de la posguerra, con la construcción de casas unifamiliares en suburbios, la eliminación de cualquier posibilidad de tener un sistema de transporte masivo adecuado y eficiente -con la consabida tiranía del automóvil- además de la consolidación de un consumismo desenfrenado; 3) En lo económico, se apostó a la dependencia de la inversión estadounidense, es decir, al establecimiento de sus empresas e industrias para la creación de empleos directos e indirectos. Pero el capital se mueve constantemente. Los repetidos éxodos han dejado una estela de desempleo y de desasosiego, y la clase empresarial local no quiere o no es capaz de absorber esa clase trabajadora desempleada o subempleada; 4) Se descuidó la educación como medio para transformar la sociedad puertorriqueña. Nos conformamos con la forma y sacrificamos la sustancia. Seguimos el patrón estadounidense de desembocar en una población menos educada que la de países con menos recursos. La nueva economía mundial no tiene cabida para poblaciones sin destrezas lingüísticas y de análisis y sin la capacidad y flexibilidad para adquirir nuevos conocimientos.

¿Dónde estamos, a la altura del 2010? Somos una sociedad disfuncional, con un gobierno endeudado y sin posibilidad real de manejar y pagar esa deuda; con individuos también endeudados, cada vez con menos medios para pagar sus hipotecas, préstamos de automóvil y tarjetas de crédito; con un mínimo de productividad agrícola e industrial, la cual disminuye casi día a día; con un sistema educativo sin norte, enmarcado en una cultura con hábitos y prácticas muy enraizadas que hacen cuesta arriba cualquier posibilidad de lograr una urgente transformación educativa, si es que se intentara; con una dependencia espantosa del petróleo, tanto para producir energía eléctrica como para mover más de tres de millones de vehículos en una islita densamente poblada, con poco más de 4 millones de habitantes; con una cultura individualista, en la cual se muestra muy poca empatía con nuestros semejantes y en la cual la vida se valora muy poco; con una actitud de hacer el mínimo y, a cambio, pretender que obtengamos los beneficios máximos.

Propongo humildemente que ése es, a grandes rasgos, el diagnóstico. Pero vivimos de espaldas a esa realidad, o resignados a que es muy poco lo que se puede hacer para transformarla.